sábado, 6 de abril de 2013

20. MODELO EDUCATIVO BASADO EN LA CAPACIDAD DE ELEGIR LIBREMENTE. UNA EXPERIENCIA EDUCATIVA


Por la actualidad que tiene la libertad de enseñanza -nunca dejó de ser actual- , me permito incluir en el blog la conferencia que pronuncié en la Casa de América de Madrid con motivo del II FORO IBEROAMÉRICA.

La Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno, celebrada en Salamanca, pusieron de relieve en sus declaraciones y acuerdos la necesidad de colaborar para ayudar al desarrollo sostenible de los países y zonas más necesitadas. Entre otras declaraciones, se hace mención  en el punto 6 que “...se necesita, por tanto, realizar esfuerzos de fortalecimiento institucional, y diseñar e implementar políticas públicas de inclusión social, centradas en la educación y el derecho al  trabajo en condiciones de dignidad...”; y, para ello, en el apartado b de  acuerdos, se dice que se debe “impulsar en el seno de la comunidad iberoamericana, y en terceros países, los programas de canje de deuda por educación y otras inversiones sociales”

Y, efectivamente, la educación es uno de los pilares más necesarios para el desarrollo de un país, entendiendo por desarrollo el que las personas puedan desarrollar libremente todas su potencialidades y en condiciones de dignidad. Pero, por otro lado, la educación es uno de los pilares "más necesarios" si se quiere “adormecer” y “alienar” a un país para conseguir los objetivos del gobierno de turno; aunque venga disfrazada de desarrollo económico y de “bienestar social”.

Tanto si la educación es para las personas como para los intereses de un gobierno es necesario establecer un modelo educativo.

En mi opinión, un modelo educativo debe estar basado en la libertad para elegir. Son las personas, y no el Estado, los titulares del derecho a la educación. Difícilmente un modelo podrá estar basado en la libertad si no hay elección libre para elegirlo.

Es inadmisible que los gobiernos utilicen este bien como arma arrojadiza para sus intereses partidistas. La apuesta que supone un canje de deuda por educación es loable si verdaderamente las instituciones que colaboren con el gobierno de turno “dador” de educación son capaces de transmitir un modelo educativo basado en la libre elección, lo contrario sería colaborarar como línea de negocio para aumentar su cuenta de resultados o, lo que sería más lamentable aun, como  “mediadoras” de las ideas doctrinales del gobierno que le proporciona los recursos económicos.

No es fácil conseguir un modelo basado en “la libertad para elegir” y, como medio para hacerlo posible,  en la “pluralidad de centros educativos”; porque todo esto requiere una base muy sólida de democratización de la sociedad y confiar el gobierno de turno en la madurez de sus ciudadanos para elegir y/o crear el centro educativo, actuando únicamente como mediador para facilitar los recursos. Entiendo que los países que vayan a colaborar en el canje de esa deuda, deberían ser modelo de este “modelo basado en la libertad de elegir”. Y la referencia para saber si cumplen mínimamente con este paradigma es conocer los criterios que aplica para la elección de centro: ¿Lugar de residencia? ¿Situación social?... En un país conocido, de los posibles “dadores” de educación, llama la atención la idea de “reparto” de personas (principalmente de colectivos desfavorecidos: etnia gitana, emigrantes…) para “completar” las plazas ofertadas en los centros. ¿No pueden tener el mismo derecho que los demás a elegir centro?

En ese mismo país, en el borrador de Ley de educación que se debatió en su momento, en su disposición adicional vigésimo sexta decía:

“Con el fin de favorecer la igualdad de derechos y oportunidades y fomentar la igualdad efectiva entre hombres y mujeres, los centros que desarrollen el principio de coeducación en todas las etapas educativas, serán objeto de atención preferente y prioritaria en la aplicación de las previsiones recogidas en la presente Ley...”

Si me lo permiten, sería como redactar esa disposición, en lo referente al canje de deuda por educación, de la siguiente manera:

“Con el fin de favorecer la igualdad de derechos y oportunidades y fomentar la igualdad efectiva entre hombres y mujeres, a los países que se les canjee la deuda por educación que desarrollen el principio de coeducación en todas las etapas educativas, serán objeto de atención preferente y prioritaria en la aplicación de las previsiones recogidas en la Cumbre de Salamanca” ¿Es esto fomentar la libertad? ¿Es una imposición doctrinal? Decidan Uds. mismos la respuesta.

Lo importante de la Administración no es establecer las condiciones de acceso a un centro educativo o a otro, sino facilitar los medios para que se pueda atender los deseos de los ciudadanos que reclaman un determinado tipo de modelo educativo.

En este sentido, permítanme sugerirles que valoren este rico patrimonio de la persona: la libertad, entendiéndola no como justificación de mis actos (hacer lo que me dé la gana) si no como opción responsable de mis actuaciones hacia los demás y de respeto a otras opciones. Y no nos dejemos llevar de promesas de condonaciones a cambio de modelos educativos que lleven “tufillos” partidistas. Que se ayude a las zonas de los países que lo necesiten para que sus ciudadanos generen riqueza, pero con pluralidad de modelos para respetar la libertad de elección: pública, de iniciativa social, diferenciada, coeducativa...

Como aportación concreta para generar riqueza, permítanme presentarles brevemente la experiencia en Formación Profesional de un centro educativo:

La zona es Vallecas, un barrio de uno de los extrarradios de Madrid que hace 50 años podría ser muy parecida a las condiciones que presentan algunas zonas de países de Iberoamérica: baja cualificación profesional, pocos o nulos recursos económicos en las familias, alto índice de desempleo… Se trataba de llegar a estas familias para animarles a mejorar su situación. Se visitaba casa por casa (chabola por chabola y, en algunos casos, cuevas) para convencer a los padres de que era bueno que sus hijos se formasen (a los 8 años –o antes- estaban “buscándose la vida”: recogiendo carbonilla de los residuos que dejaba el ferrocarril, colillas de cigarrillos para hacer nuevos cigarros y revenderlos, vender agua en botijo, hacer recados…). Y a los padres se les animaba a que también ellos se formaran en un oficio (la mayoría eran peones en la construcción). De esta forma, las aulas eran ocupadas por la mañana por los hijos y por la tarde-noche por los padres.

Dos cuestiones se tenían claras:

1ª) Lo que ofrecía a sus alumnos y a sus familias –y que sigue ofreciendo-  es una educación completa atendiendo a los aspectos humano, espiritual, cívico, artístico, social, deportivo, y profesional; sin discriminación alguna por razones ideológicas, religiosas, sociales, económicas, de raza o de nacimiento. Basado en un modelo de educación diferenciada.

2ª) Los resultados tendrían que ser gratificantes para las familias: buenos resultados académicos para los hijos e inserción laboral cualificada para los padres.

Lo primero, se conseguiría personalizando la educación (cada alumno tenía un profesor-tutor cuya misión principal era motivarle y darle pautas para que él mismo superase las dificultades). Y lo segundo, siendo capaces de conseguir que los empleadores participasen en este proyecto para facilitar el equipamiento necesario para las prácticas en el centro (algunas veces en la propia empresa) y el ofrecimiento de puestos laborales. Hoy podemos decir que el modelo funcionó –y sigue funcionando-.

Son muchos los centros de Latinoamérica y de Europa que nos han visitado para incorporar este modelo en sus instituciones.

Entiendan lo anterior no como presunción –nada más lejos de mi intención- sino como muestra de una experiencia que funciona si funciona la libertad y ésta está puesta al servicio de los demás. Y, desde ahora mismo, me ofrezco a mis colegas latinos y españoles para que visiten este centro y para proporcionarles cuanto asesoramiento crean necesario.

MUCHAS GRACIAS POR SU ATENCIÓN.


Casa de América en Madrid