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Estoy hecho un lío: ¿Cómo educo a mis hijos?
Quizás te suene la frase del título de
esta nota, incluso puede que la hayas pronunciado tú. Y la verdad es que no te
falta razón porque la educación de los hijos es complicada, por no decir muy difícil.
Sobre todo cuando tus hijos alcanzan la adolescencia y te enfrentas a
situaciones en las que lo normal es que piensen muy distinto a ti.

contradicciones, gratificaciones,
incertidumbres... Es una aventura en la que sabes dónde quieres llegar pero no sabes cómo. Es como montar en la montaña rusa del parque de la ciudad: inicias el recorrido con mucha ilusión pero a medida que avanzas y vas oyendo el chirriar de los railes empieza a aparecer una especie de vértigo que lleva a cerrar los ojos y desear que aquella aventura termine pronto, aunque en el fondo tienes la satisfacción de haberlo intentado. Sí, es una aventura; pero una aventura de amor.
Lo cierto es que no hay que
obsesionarse. Cada uno lo hace lo mejor que puede pero es verdad que habrá que
poner algunos medios y disposiciones para que, salga como salga el resultado
final, podamos decir: lo intenté lo mejor
que supe.
¿Te imaginas construir un edificio,
empezando en la segunda planta? Quizás pueda hacerse en alguna película de “Misión
imposible” pero se me antoja que será complicado en la realidad ¿Qué quiero
decir con esto? que las cosas hay que empezarlas con buena base, con buenos
cimientos. No hay que desaprovechar los primeros momentos del bebé para empezar
a educar ¡Pero si no se enteran! Eso te crees tú. Sabes, porque lo has experimentado
quizá, que los niños perciben desde el primer momento si se les trata con
cariño, si hay palabras llenas de afectividad y no gritos entre los padres, si
se respetan sus momentos de higiene y sueño...
Si los cimientos no se ponen bien
asentados, lo más probable es que, con el tiempo, aparezcan grietas y, en el
peor de los casos, se derrumbe el edificio. Así pasa con la educación.
¿Y mi descanso? ¿Y mi momento? ¿Y mi
espacio? ¿Y mi...? Es cuestión de prioridades. Si quieres a tus hijos -que los
quieres- no te plantearás el Y mi...
Pues bien, en esos momentos de prioridades (¿yo
o mis hijos?) empieza la educación. Por tanto, habrá que empezar a ejercer férreamente
la FORTALEZA para exigirte y para
exigir, y dejar a un lado el yo.
Según va avanzando el tiempo, teniendo
en cuenta la edad de tus hijos, tendrás que ir adaptando las
exigencias y las concesiones. Una cosa tienes clara: quieres que sean estudiosos,
ordenados, amables, cariñosos, alegres... Para cada una de esas cosas que
quieres, plantéate los medios para
conseguirlo (y si tienes dudas: consulta a la persona que sabes que tiene buen
criterio). La educación es como un poliedro irregular y tendrás que adaptar tu
exigir -con cariño- a los distintos momentos (las distintas caras del poliedro)
por el que pasen tus hijos: optimista, pesimista, animoso, decaído, a su normal
expresión adolescente todo es una m...
Será muy difícil si solo estás tú en
esta apasionante aventura. Necesitarás compartir con tu cónyuge la misma idea
de educación. Si no, ya te vaticino que será un fracaso. A lo mejor sucede como
en la lotería: que toque el premio, pero... ¿conoces a muchos premiados?
Muy importante también es que cuentes
con la ayuda y asesoramiento del centro educativo al que llevas a tu hijo, al
que elegiste porque estabas de acuerdo con su ideario. Y si no lo elegiste por
ese motivo, te vuelvo a recordar lo de la lotería...

Y con ese dar el corazón y la vida por
tus hijos, con mucho amor y mucha exigencia (siempre acorde a su edad) irás
viendo cómo, poco a poco, sin prisas, los frutos aparecen; y tendrás la
satisfacción de haberlo intentado lo mejor que supiste.
No te olvides de aplicar -o al menos,
intentarlo- en todo el bonito recorrido de la educación: fortaleza, paciencia,
buen humor, no discutir con tu cónyuge delante de tus hijos, sacrificio,
alegría, optimismo... Y todo lo que tú bien sabes para lograr que tus hijos sean
buenas personas, libres y responsables. Ah! y disfruta con todo lo que tus
hijos hagan bien y ¡ANIMA SIEMPRE!
Excelente prédica del que sabe dar trigo en estas materias.
ResponderEliminarBuena síntesis, y una clave señalada en negrita y mayúscula: FORTALEZA.
ResponderEliminarEl que decide ser padre ya tiene un buen punto de partida: la generosidad. Cuando uno se ha entrenado en la generosidad -que es exigirse, dar una vez y otra- no resulta tan complicado construirse como persona fuerte. Cuanto antes se empiece mejor.