lunes, 2 de mayo de 2011

4. FORMACIÓN CONTINUA DE LOS TRABAJADORES

No puede haber una empresa competitiva, con vocación de duración, si no apuesta decididamente por la formación de sus trabajadores. En la presentación que se adjunta se anotan algunas referencias para conocer más las posibilidades de la implantación de la Formación Continua en la empresa y algunas consideraciones a tener en cuenta para lograr su mayor eficiencia.

domingo, 1 de mayo de 2011

3. LA FORMACIÓN EN LA EMPRESA

Pretendo en esta breve presentación dar unas pautas para la elaboración de un plan de formación en la empresa. Son pautas generales y, por tanto, la formación específica a los distintos perfiles profesionales deberá ser adaptada según las propias necesidades y capacidades iniciales de los empleados de la empresa: receptores de esa formación.

miércoles, 16 de febrero de 2011

2. FORMACIÓN PROFESIONAL Y DESARROLLO DE LA PERSONA

¿Puede la Formación Profesional ayudar a la persona, poniéndola como centro de esa formación, a desarrollar su humanismo?

Es un hecho palpable que la formación tiene un carácter estratégico de primera magnitud para las empresas y para las políticas de empleo de cualquier país. Lo que ya me plantea dudas es, si tal y como está diseñada esta formación –y en concreto la Formación Profesional- tiene también un carácter estratégico de primera magnitud para ayudar al desarrollo de valores humanos.

Permítanme que haga un breve análisis de la situación en cuatro hechos, y perdónenme si cargo las tintas en los aspectos negativos. Mi intención es que, detectado el mal, apliquemos el tratamiento para su curación.

Hecho 1º
Hoy, y facilitado por la situación de crisis, con cifras de desempleados alarmantes, bastantes jóvenes buscan una formación rápida que les enseñe “a hacer” con el mínimo esfuerzo. Una gran mayoría de estos jóvenes rehúyen la reflexión, considerándola una pérdida de tiempo. Desean ganar dinero cuanto antes –para gastárselo también cuanto antes-. De esta forma se consiguen “cabezas bien llenas pero poco hechas”. A esto contribuye, en mi opinión, el actual sistema educativo en la Formación Profesional.

Si hacemos un recorrido por el desarrollo curricular de las distintas familias profesionales veremos que está orientado, prácticamente en su totalidad, a la productividad: perfil profesional, cualificación profesional, capacidad profesional, etc; en algunas familias, como por ejemplo Realizaciones Audiovisuales y Espectáculos hay un punto que enuncia “Actitudes y Valores predominantes” y que hace referencia a: respeto por la normativa legal y de convivencia, precisión en el lenguaje, esfuerzo y precisión en el trabajo, responsabilidad en el uso de instalaciones y medios materiales, iniciativa de propuesta de mejoras, aceptación de cambio y autoevaluación. Y yo me pregunto ¿esto es Actitudes y Valores predominantes? Pero admitiendo que, al menos, es algo, mi sorpresa sigue aumentado cuando al revisar los criterios de evaluación no aparece ni un solo criterio referido a esas actitudes y valores. Evidentemente, no he revisado todos los desarrollos curriculares de los 75 ciclos formativos de Grado Medio ni los 92 ciclos formativos de Grado Superior (en total 167 ciclos formativos…) que configuran la actual Formación Profesional pero mucho me temo que se seguirá el mismo criterio y estoy dispuesto a rectificar si se me demuestra que estoy equivocado.

Hecho 2º
El Consejo Europeo, reunido en Luxemburgo en 1997 para establecer políticas de empleo, se refería a la formación como:
a)      Medio para la adaptación de los trabajadores y empresas (refiriéndose a la formación continua)
b)      Medio para mejorar la capacidad de inserción profesional (refiriéndose a la formación reglada y a la ocupacional)
c)      Medio para desarrollar el espíritu de empresa
d)      Medio para reforzar la política de igualdad de oportunidades

Como puede observarse, no parece que la formación en valores sea importante. Lo que, en mi criterio, vuelve a presentar una visión reduccionista del desarrollo de la persona.

Hecho 3º
El instituto Federal de FP de Alemania, ha pasado una encuesta a expertos en formación profesional del sector de la imprenta y los medios de comunicación para desarrollar, a partir de ese estudio, un futuro sistema de formación continua.

De los 49 ítems formulados, no he encontrado ni uno solo que esté referido a valores para el desarrollo de la persona. Todos están referidos a la importancia de las cualificaciones, a las capacidades para trabajar y ejecutar proyectos, disponibilidad para la formación continua, aprendizaje de las nuevas tecnologías, a las ofertas de trabajo, ascensos, etc. Etc. Eso sí, hay un apartado abierto para opiniones o sugerencias que se deseen comunicar...

En la misma línea se pronuncia la European Training Foundation en la pág. 45 de su documento “Hipótesis y estrategias de futuro para la formación profesional y la formación permanente en Europa”.

Hecho 4º
Por no cansarles más, citaré un último hecho: organizado por el CEDEFOP (Centro Europeo para el Desarrollo de la FP) se celebraron en Salónica unas jornadas para analizar la siguiente cuestión “¿Merecen la pena la educación y la FP? Pues bien, la presentación de estas jornadas se enuncia con el siguiente párrafo:
“La educación y la formación profesional cuestan dinero. Mucho dinero. Pero también favorecen el rendimiento económico de la empresa. Son útiles pues, tanto para la sociedad en su conjunto como para la persona individual…”
Volvemos a observar el carácter únicamente, o al menos principalmente, mercantilista de la formación.

Llegado a este momento, me atrevo a poner en su consideración algunas cuestiones:

1ª) ¿Es posible la compatibilidad de los hechos presentados anteriormente –que, por supuesto, son necesarios para la supervivencia de la empresa y que comparto plenamente- con una orientación para la adquisición de valores?
En  mi opinión, no solo es compatible sino que, además, los educadores y formadores que creemos en la dignidad humana tenemos la grave responsabilidad de hacerlo posible. Para ello, lo primero es que el centro educativo asuma ese planteamiento en su ideario y ponga los medios necesarios para llevarlo a cabo: tutorías verdaderamente personalizadas, conferencias periódicas con ponente de prestigio que estén relacionados con la actividad profesional que cursan los alumnos, formación del profesorado...

2ª) ¿Qué valores inculcar?
La respuesta a esta pregunta tiene mucho que ver con el infinito: ¿Cuántos y cuáles? ¿Por qué unos y no otros?

Todos los valores, por el hecho de serlo, si me permiten la redundancia: valen. Cada centro debe establecer las prioridades (si se puede decir así al hablar de valores), pero la Formación Profesional es un marco extraordinario para que en el desarrollo de las distintas actividades de aprendizaje estén inmersos valores como: responsabilidad, trabajo bien hecho, lealtad, ética, compañerismo, orden, importancia de las cosas pequeñas, de lo ordinario, esfuerzo, autosuperación, etc; son los que deben estar presentes –además de las habilidades, competencias, cualificación, etc.- en los criterios de evaluación, en las tutorías personales, en el ejemplo del profesor al impartir su clase...

Los centros que apuesten por la excelencia educativa y formativa, poniendo al hombre en el centro de esa excelencia, deberían ser un referente a la hora de formar parte en una red de Centros de Referencia Nacional.

3ª) ¿Y la empresa, qué papel juega?
En el currículo de cada ciclo formativo, hay un módulo obligatorio de formación en centros de trabajo (unas 400 horas, depende de los ciclos). Para la asignación de nuestros alumnos a las empresas ¿no deberíamos tener también en cuenta la selección de esas empresas, aplicando criterios coherentes con el estilo educativo del centro? ¿Cómo se trata a los empleados en esa empresa? ¿Qué concepto se tiene de ella? ¿Qué productos fabrica o distribuyen?...

Para finalizar, permítanme una última reflexión: si un centro de formación no es capaz de inculcar a los alumnos un humanismo trascendente, se limitará a una formación fácilmente sustituible por medios telemáticos presenciales o a distancia; y si una empresa no ve en ella a personas, sino simplemente instrumentos productivos, no es de extrañar que el absentismo y la “huida” de buenos profesionales estén a la orden del día en esa empresa.

Antonio Ares Rodríguez

sábado, 29 de enero de 2011

1. ¿PENSAMOS EN FORMACIÓN?

En este primer artículo de mi blog me permito unas reflexiones en “voz alta” sobre la formación. Por tanto, y como reflexiones que son, omitiré toda referencia a la normativa vigente y a los planes de la integración de los subsistemas de formación profesional.

La formación constituye un factor clave a la hora de diseñar estrategias que conduzcan a una mayor creación de valor en las empresas. La competitividad, la movilidad, las tecnologías y formas de gestión emergentes, hacen que el itinerario formativo en las empresas sea capaz de determinar las distintas carreras profesionales de sus trabajadores: desde el máximo responsable hasta el recién contratado. Una cultura basada en la formación continua debe estar inmersa en la estrategia global de la empresa. Por decirlo de una manera gráfica, creo que sería un error que en temas de formación, la empresa adopte una postura de canguro: ir haciendo formación “a saltos”. Más bien, debería adoptar una postura de águila: viendo las oportunidades desde las alturas y lanzarse rauda y veloz a por ellas.

Me pregunto si el espíritu de empresa es un objetivo tendencia en las organizaciones. En mis reflexiones, para dar respuesta a este valor, concluyo que la formación debe jugar un papel importante para lograrlo. En primer lugar, hay que tener claro que si la empresa no va bien, tampoco irán bien todos los que la componen. La formación debe ayudar a que en el desarrollo de las distintas actividades de aprendizaje estén inmersos valores como: responsabilidad, trabajo bien hecho, lealtad, ética, compañerismo... y tantos otros valores propios de la dignidad humana. Si la formación no es capaz de servir de ayuda para lograr ese espíritu, se limitaría a una formación fácilmente sustituible por medios telemáticos o a distancia. Recuerdo la visita de un antiguo alumno comentándome que -después del periodo de prácticas- le hicieron un contrato de 6 meses con bastantes posibilidades de renovación y que actualmente ocupaba un puesto directivo en esa misma empresa. Al preguntarle por qué creía que le habían ascendido a ese puesto, después de una breve pausa para pensarse la respuesta, me contestó que porque cree que habían visto en él seriedad. Le seguí preguntando por qué más, y rápidamente me contestó que porque había trabajado bien para la empresa. Este antiguo alumno había interiorizado bien el valor espíritu de empresa.


Cómo incorporar la formación en nuestra empresa

Ø  Creando una cultura para que cada empleado sepa que la formación debe formar parte de sus ocupaciones, porque con ello:
·      Desarrollará sus potencialidades como persona;
·      Tendrá más posibilidades de conservar el puesto de trabajo;
·      Estará en la línea de salida de posibles promociones;
·      Ayudará a la empresa –su empresa- a ser más competitiva y dar mejor servicio a la sociedad;
·      Transmitirá este valor a las nuevas generaciones que vayan incorporándose a su empresa.
Ø  Incorporando en el plan estratégico de la empresa, convencidos de la bondad de la formación, los medios para facilitar la creación de esa cultura.
Ø  Asignando un “animador” de la formación que recogerá las necesidades que le transmitan los distintos departamentos para ser capaz de hacerlas llegar a todos y coordinar en función de los objetivos de la empresa.
Ø  Impulsando que sean los propios empleados quienes transmitan sus necesidades formativas para un mejor desempeño de su puesto de trabajo.


¿Debemos asignar recursos económicos para la formación?

Ø  No será necesario si conocemos las distintas líneas de financiación para los planes formativos en los distintos y variados organismos oficiales: Ministerios, Dirección General de la Consejería de las distintas comunidades, Fundación Tripartita, Comunidad Europea a través de sus distintos planes de ayuda a la innovación…
Para conseguir asesoramiento y ayuda, conviene contar con la colaboración de institutos y centros de formación que nos mantendrán informados de las convocatorias que vayan aprobándose.


¿ESTABLECEMOS UN ITINERARIO FORMATIVO?

La empresa debe intentar abarcar el conjunto de necesidades formativas de sus distintos puestos de trabajo. Debemos poner a disposición de nuestros empleados un itinerario racional. Cada acción formativa debe ser autónoma y responder a unos objetivos concretos pero que, de seguir el itinerario, se pueda conseguir una formación generalista capaz de optar o promocionar a nuevos puestos de trabajo. Por ejemplo, dentro del sector del transporte, para un conductor el mínimo de su itinerario formativo serían las acciones formativas siguientes: Capacitación profesional transporte mercancías, Legislación y normativa, Manipulación mercancías peligrosas (ADR) y Tacógrafo digital. Así podríamos ir acotando los distintos puestos de trabajo, estableciendo el mínimo del itinerario formativo. Por supuesto, que el punto de partida sería una formación e información base para toda la empresa: Conocimiento de cómo es la propia empresa en la que trabaja, Relaciones entre los distintos departamentos, Ofimática, Atención clientes, Prevención riesgos laborales… La propia empresa puede crear unas titulaciones para los que consiguen el itinerario completo, implementando ese logro con alguna recompensa: días de descanso, equipo informático, becas para los hijos… Y, por supuesto, serían los primeros a tenerse en cuenta en las futuras promociones que la empresa tuviese prevista.  

Todos estamos de acuerdo en que, independientemente del valor que tiene la formación a lo largo de toda la vida para la persona, tiene valor para la empresa si las acciones formativas que realizan los trabajadores están ligadas a aplicaciones productivas concretas.

Este valor apuntado de la formación toma un considerable “plus” cuando, además, estoy teniendo en cuenta la transferibilidad, es decir, la posibilidad del desempeño en otra área de la empresa y la posibilidad de promoción en otro perfil profesional. En este sentido, basta pensar en cuántas veces se ha perdido un buen profesional por la urgente necesidad de cubrir un puesto de trabajo y no estar lo suficientemente preparado para ello. Valga el ejemplo del estupendo especialista de almacén que maneja con eficacia la carretilla, el apilador y el sistema de gestión de almacén (incluyendo la memoria…), y -por la urgencia de cubrir el puesto- le promocionamos a Jefe de Almacén ¿Podríamos contar experiencias no muy buenas de estas decisiones? Quizás, con menos precipitación, y con un plan de carrera establecido en la empresa, hubiésemos podido formarle con antelación para ese puesto o bien seleccionar otro candidato con mejores posibilidades de desempeñar correctamente el perfil profesional requerido, incluso de otro departamento.


ALGUNAS CUESTIONES PARA PENSAR E INTENTAR RESPONDER

*      ¿Elaboro un plan para que, al menos, cada uno de mis empleados realice una acción formativa al año? ¿Cualquier acción?
*      ¿Tengo establecidos los perfiles profesionales que requieren los distintos puestos de mi empresa?
*      ¿Conozco las potencialidades de los empleados de mi empresa?
*      ¿Evalúo los resultados de la formación?
*      ¿Motivo a mi personal para que se incorpore a la cultura de la formación en la empresa –su empresa- y fomento el espíritu de empresa?
*      ¿Conozco cómo llevar a la práctica en mi empresa el mentoring? (prefiero utilizar este término al de coaching porque es más humano).
*      ¿Me planteo pedir colaboración a quien me pueda ayudar a conseguir los objetivos formativos para mi empresa?


UNA ÚLTIMA REFLEXIÓN

No se trata de formar por formar. Se trata de formar para llegar a alguna parte concreta (subrayo lo de concreta). En este sentido, es ilustrativo el diálogo que mantiene Alicia con el minino de Cheshire:

-        Minino de Cheshire, ¿podrías decirme, por favor, qué camino debo seguir para salir de aquí?
-        Esto depende en gran parte del sitio al que quieras llegar -- dijo el Gato.
-        No me importa mucho el sitio… -- dijo Alicia.
-        Entonces tampoco importa mucho el camino que tomes -- dijo el Gato.
-        … siempre que llegue a alguna parte -- añadió Alicia como explicación.
-        ¡Oh, siempre llegarás a alguna parte…
Fragmento de Alicia en el País de las Maravillas
Lewis Carrol

HISTORIA DE LA FP EN TAJAMAR 1961-2018

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