martes, 13 de septiembre de 2011

7. FRASES QUE UN DOCENTE NO DEBERÍA PRONUNCIAR Y ACTITUDES QUE NO DEBERÍA TENER

La función docente, además de los conocimientos para impartir bien la materia, implica tener un buen conocimiento de las personas. Saber qué alumnos son más susceptibles, cuáles más irascibles, quiénes más receptivos, quiénes ponen todo en entredicho, etc.; pero con todos hay que tener un especial cuidado en no pronunciar frases o tener actitudes que, como mínimo, nos harían perder su confianza o no mantener la atención necesaria en clase.

Presento en esta nota algunas de las frases y actitudes oídas u observadas en mi dedicación docente, y que no son nada motivadoras.

Lejos de cualquier ánimo de crítica, lo que pretendo es que nos ayudemos a mejorar no cayendo en esos defectos o, si es el caso, eliminándolos. Te animo a que aportes en el blog, en los comentarios, la frase o actitud que hayas oído u observado, que consideres que no fue nada positiva, para que nos beneficiemos al tenerlo en cuenta, desarraigándolo de nuestra conducta.

FRASES

• En una reunión de profesores, el profe de Mate dice orgulloso: “de 25 me he cargado a 18”
Quizás no haya tenido más remedio que “cargárselos”, pero nos tendría que hacer pensar cuál ha sido el motivo y si nosotros hemos puesto todos los medios para que no suceda. El papel más importante del profesor es el de educador. La mera instrucción puede ser sustituida con medios telemáticos.

• ¿Tú eres tonto o lo pareces?
Suele pronunciarlo algún que otro profesor, dirigiéndose al alumno al que ha llamado varias veces la atención para que se calle y esté más atento. Los efectos que produce esta frase son de rechazo del alumno hacia el profesor y, lo que sería peor, puede provocar una respuesta por parte del alumno nada agradable.

• Dirigiéndose a los padres en una tutoría: “si no estáis de acuerdo con el colegio, lo mejor es que os llevéis a vuestro hijo”
Los padres están de acuerdo con el colegio –por eso llevan a su hijo-, en lo que puede que no estén de acuerdo es en algunas cuestiones en las que su hijo ha salido perjudicado: suspensos, llamadas de atención, horarios, comida, gastos, etc. Pueden o no llevar razón. Siempre hay que escuchar, y dar la mejor solución posible, y saber pedir disculpas si no se han hecho bien las cosas. También explicar las razones, cuando proceda, que han llevado al centro a esa situación con su hijo.

• ¡¿Te quieres callar?! O si no, vete a tu casa y que te aguanten allí
Yo lo sustituiría con “por favor, me puedes ayudar a dejarme dar la clase; luego, si te parece bien, hablamos”. Suele funcionar muy bien. Por supuesto, no hay que dejar de hablar con el alumno, después de clase, para que comprenda que se perjudica con su actitud.

• En una reunión de padres, dice el tutor: “los bajos resultados de esta 1ª evaluación se deben a que vienen muy mal preparados del curso anterior (del mismo colegio), les falta base”
Qué hubiese pensado ese tutor si de su clase se dice eso mismo. Estos temas hay que tratarlos en el claustro o departamento.

• El profe de Lengua: “yo no os voy a consentir lo que os consiente el profe de Inglés. En mi clase hay orden y disciplina, y el que no esté de acuerdo: que se vaya”
¿Estamos desautorizando a un compañero? ¿De verdad creemos que con esa “amenaza” vamos a mejorar la actitud de los alumnos?

• “No me extraña que estéis en este grupo. No hay forma de hacer nada con vosotros”
Ya sabemos por qué están en ese grupo. No es necesario recordárselo, sino poner los medios para motivarlos, todo lo contrario de lo que se consigue con esa frase.


ACTITUDES

• Quedar con los padres y llegar tarde, o no llegar
Antes de citar a los padres debemos comprobar nuestra agenda para ver la posibilidad real de citarlos, no olvidándonos de indicarles el lugar exacto donde les veremos. Si surge cualquier imprevisto: llamar inmediatamente para anular la cita y dar una nueva fecha, hora y lugar exacto. Subrayo lugar exacto porque es frecuente ver por el colegio a padres que han quedado con el profesor y no saben dónde acudir (sobre todo en colegios grandes).

• Exigir a los alumnos que tengan las tareas al día cuando, habitualmente, no somos capaces de entregarles corregidos los exámenes en dos o tres días como máximo
Reflexionemos sobre esta actitud. También, comprobemos si el resto de colegas están exigiendo a los alumnos lo mismo respecto a sus asignaturas. Lo pedagógico es coordinar la carga de trabajo de los alumnos.

• Llamar a un alumno por su mote
¿Qué haríamos si nos llamase el mismo alumno por nuestro mote -seguro que alguno tenemos-? Debemos huir de esta actitud, aunque tengamos mucha confianza con el alumno y el “mote” esté muy arraigado entre sus compañeros.

• Presentarse con un aspecto externo poco cuidado en una entrevista o reunión con los padres
Aunque son más importantes las orientaciones que podamos darles para la educación de su hijo, un aspecto externo poco cuidado no facilita la credibilidad de lo que les estamos diciendo. Además, pensemos que, en ese momento, estamos representando al colegio y los padres agradecen la deferencia que tenemos con ellos si nuestro aspecto externo es agradable.

• Quitar el móvil a un alumno, porque le acaban de llamar, cuando nosotros, interrumpiendo la clase, descolgamos el nuestro e incluso llamamos y enviamos mensajes
Lo más importante para un educador es el ejemplo que demos a nuestros alumnos.

• No dejar entrar a un alumno en clase porque llega tarde, sin tener en cuenta que nuestra puntualidad deja mucho que desear
¿Importa nuestra puntualidad para exigir a los demás que sean puntuales?